Logo UNICEF. Enlace al sitio. Abre en ventana aparte.




La Maga de los cuentos

Reinaldo Álvarez Lemus

Todos afirmaban que La Maga de los Cuentos, como la llamaban, había escapado de la Isla de los Ventarrones, un sitio que nadie sabe dónde queda, y en el que el viento sopla a la vez desde los cuatro puntos cardinales.

Ella acostumbraba a aparecer debajo de los frondosos árboles, y los niños, por muy lejos que estuvieran, corrían a su encuentro. Entonces, con voz que parecía pedida a un ángel, comenzaba a narrar sus relatos. Al hacerlo, una lluvia de hojas secas iba cayendo a su alrededor.

Contaba historias mientras tejía su larga trenza. Al terminar, ¡pum...!, le crecían enormes alas y se iba donde otros niños la aguardaban.

Una tarde, sus alas quedaron atrapadas en una mata de mamoncillo y se quebraron. La pobre gritaba para que alguien viniera en su ayuda. Después de mucho rato, apareció una pareja de zunzunes y un chipojo al que, de tan viejo, le habían crecido barbas. Este, apoyando una de sus patas delanteras en un bastoncito de majagua azul, hizo cuanto pudo para liberar a la cuentera, pero fue en vano. Entonces, moviendo su larga cola, se marchó sin mirar atrás con sus acompañantes, quienes tampoco pudieron ayudar a la maga.

Los mayitos, tocororos, bijiritas, papagayos, arrieros, tomeguines y cotorras observaban sin saber qué hacer o decir, hasta que a alguien se le ocurrió enviar un recado al abuelo del monte con Soñadora, una paloma que siempre estaba en las nubes, pero eso tampoco dio resultado; al parecer, Soñadora encontró un palomo aventurero y terminó yéndose tras él; ella era algo salida del plato, mejor dicho, del nido; da igual. Lo cierto es que nunca más se supo de la mensajera.

Fuente original: La Maga de los Cuentos, 2008.
Ilustraciones: Renier Quer (Réquer).

Real Time Web Analytics
Estadisticas Gratis