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Pulgarcito

Charles Perrault

Hubo una vez un matrimonio de leñadores que tenía siete hijos, de los cuales el mayor contaba doce años y siete el más pequeño, cosa que no debe extrañar si se tiene en cuenta que varios eran mellizos. Estos leñadores eran muy pobres, tanto que, a pesar del cariño que profesaban a los niños, llegaron a pensar que en esos momentos eran para ellos una carga. Para colmo de males, el más chico era un poco enfermo, aparentemente menos vivo que sus hermanos y, sobre todo, tan pequeño, que se le podía medir con el dedo pulgar, por lo que fue llamado Pulgarcito.

El pobre niño cargaba siempre con las culpas de todos, pero nunca protestaba. Tal vez por eso sus padres le consideraban poco listo, cuando en realidad era el más inteligente de la familia.

Sucedió por aquel entonces que fue tanta la miseria y tan escaso el dinero ganado por el leñador con su trabajo, que una noche, aprovechando que los niños se ha­bían acostado ya, díjole a su mujer:

—Comprenderás que es imposible continuar así. Es tan poco lo que gano, que no nos alcanza siquiera para dar de comer a nuestros hijos. A seguir así, se nos morirán de hambre o de frío. Por eso, después de mucho pensarlo, he llegado a la conclusión de que lo mejor que podemos hacer es llevarlos al bosque una de estas tardes y dejarlos abandonados a su suerte. Seguramente, Dios se apiadará de ellos y los protegerá.

Al escuchar a su marido, la pobre mujer se puso a llorar desconsoladamente. Comprendía que era verdad lo que decía, pero sólo pensar que debía separarse de sus hijos le desgarraba el corazón.

Fuente original: Cuentos de Perrault, 2001
Ilustraciones: Renier Quer (Réquer).

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