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El Detective Perrín acude al llamado

Luis Rafael

El Trágico suceso

"Pronto nacerá mi hijo" —piensa Mamá Cotorra—. "Voy a peinarme las plumas, para que me vea bonita."
Sin embargo, cuando la cotorra regresa a su nido....
—¿Y el huevo? ¿Dónde está mi huevo? ¡Socorro! ¡Auxilio, se robaron mi huevo!
Enseguida está allí el Detective Perrín.
—¡Ayúdeme, ayúdeme! —llora Mamá Cotorra.
Perrín da una larga chupadita a su pirulí y con su gran lupa busca las huellas del malhechor.
Ya han acudido el Loro Cartero, que trata en vano de calmar a Mamá Cotorra; y el Gato, siempre relamiéndose.
—¿Qué pasa? —pregunta la Chiva, al asomarse por una ventana.
—¿No lo ve? El huevo de la cotorra se esfumó.... —dice el Gato guiñando los ojos de forma sospechosa.
—¡Ay, vecina —lamenta Mamá Cotorra—, el huevo con mi hijo ha desaparecido!
—No se preocupe, ya verá que todo se arregla —dice la Chiva.
En eso oyen un ruido al fondo de la casa. El Detective Perrín salta por una ventana.
—¡Deténgase!
—Yo, hip, yo no he hecho nada, Detective, hip....
—¡El Majá Santamaría! —exclaman todos a la vez.
—Seguro que se tragó el huevo de la cotorra —afirma el Gato.
—¡Si fue capaz de esa maldad, juro que lo llenaré de picotazos! —grita el Loro Cartero y agita las alas amenazante.
Mamá Cotorra se desmaya.
—Buscaré un poco de agua —dice la Chiva y sale rumbo a su casa.
—Yo, hip, no hice nada malo, hip, lo juro.... ¡Lo juro!, hip, hip —continúa el Majá Santamaría.
—¿Y por qué tiene hipo? ¡Esa es la prueba de que se tragó el huevo de la señora Cotorra!.. —lo acusa el Loro Cartero, que tiene los ojos enrojecidos por la furia.
—¡Silencio! —ordena Perrín y hasta Mamá Cotorra, que sigue desmayada, cierra el pico de un golpe—. Por el momento todos son sospechosos.
—Pero, ¿cómo es posible? —protesta el Loro—. Si está claro que el Majá es el causante de esta tragedia.
—¿Y los restos de cascarón que veo aquí?
—Una prueba más de su acto criminal.
—No se apresure, o correremos el riesgo de cometer una injusticia —dice Perrín y da una rápida chupadita a su pirulí.
—Eso es cierto, hip —se defiende el Majá Santamaría—. Yo tengo hipo hace una semana, porque.... porque me comí cuatro coles enteritas, hip, y me indigesté, sí, ¡qué le voy a hacer!.
—¿Y porqué se arrastraba por aquí tan sigilosamente? —insiste el Loro, pero no es necesario que el majá responda. La Chiva aparece en la puerta; en cambio, no trae el vaso de agua para la Mamá Cotorra sino a un pequeño pichón de peluche suave y pico curvo.
—¡El cotorrito! ¡Ya nació! ¡Qué hermoso es!
Con tantas exclamaciones Mamá Cotorra vuelve en sí y, llorando de la alegría, abraza a su hijo.
—Apareció en mi casa, piensa que soy su mamá —explica la Chiva, y agrega—: Ojalá yo fuese tu mamá, Cotico; pero, las Chivas no tienen cotorritos. ¡Ve con la señora!
Mamá Cotorra, conmovida, dice a su vecina:
—Es cierto que no eres su mamá; sin embargo, ya le has dado nombre y quisiera que fueses su madrina.
—Entonces, ¿no estás disgustada conmigo?
—Claro que no —sonríe Mamá Cotorra—, las dos cuidaremos a Cotico.
Ahora hay fiesta en casa de la Cotorra. El Detective Perrín, el Gato, el Majá Santamaría, el Loro Cartero y, sobretodo, la Chiva y Mamá Cotorra, celebran el nacimiento de Cotico.

El Pastel de guayabas

—¡Desapareció! —dice Mamá Cotorra llevándose las alas a la cabeza.
El Loro Cartero, que llega con su bolsa rebosante de periódicos, pregunta:
—¿Qué se ha perdido, Mamá Cotorra?
—¡Ah, pobre Cotico, se robaron el pastel de guayabas que le hice! —Mamá Cotorra se quita el delantal casi llorando.
—¿Qué ocurre aquí? —dice una voz.
—¿Quién anda ahí?. —El Loro Cartero busca por los rincones.
—No tenga miedo, señor Loro, soy yo. —Aparece la Chiva junto a la ventana—. Escuché algo de un robo... ¿O me equivoco?
—Vecina, se llevaron el pastel de guayabas que le hice a mi hijo Cotico —contesta Mamá Cotorra y agrega, arrugando las plumitas de la frente—: no estoy dispuesta a cocinar para los ladrones. ¡Llamaré al Detective Perrín!
Mamá Cotorra marca un número en el teléfono y...
—¿Es la policía?
—El Detective Perrín, ¡a sus órdenes!
En menos tiempo del que se toma en contarlo, Perrín llega ala casa de la Cotorra, armado con su lupa y un pirulí que lame a cada rato.
—A ver... —dice, paseándose de un lado a otro—. Cuénteme qué sucedió.
—¿No sabe qué sucedió? —exclama la Chiva—. Se robaron el pastel de guayabas que cocinó mi amiga la Cotorra...
—Ya lo sé —dice Perrín y chupa su pirulí—. Pero, necesito que Mamá Cotorra narre, detalladamente, todo lo que hizo desde que terminó el pastel hasta que desapareció.
Mamá Cotorra reflexiona:
—Saqué el pastel del horno, le agregué un poquito de mermelada de guayabas, llamé a mi hijito Cotico para que se lavara las manos, puse el pastel a refrescar en la ventana y fui a preparar la mesa para el almuerzo... Luego vine en busca del pastel y ¡ya no estaba!

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