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El Zorro y el caballo

Hermanos Grimm

Ocurrió una vez que un Gato se encontró al señor Zorro en el bosque y pensando: "éste sí que tiene experiencia de to­das las cosas del mundo", se dirigió a él de la manera más amable.
 — ¡Buenos días, querido señor Zorro! ¿Cómo está usted y cómo le va en estos tiempos tan duros y penosos?
El Zorro, muy orgulloso, miró al Gato de pies a cabeza, du­dando unos momentos si contestarle o no. Por fin, dijo:

¡Oh, infeliz caza-ra­tas, mísero roba-perros, bi­gotudo bribón! ¿Cómo te atreves a acercarte a mí? ¿Qué educación has recibi­do? ¿En cuántas artes eres maestro?
Solamente en una — dijo el Gato modestamente.
¿Se puede saber en cuál? — preguntó el Zorro.
Cuando los perros corren tras de mí, trepo por un árbol y así me pongo en salvo.

— ¿Y nada más? —pre­guntó el Zorro. — Yo soy maestro en cien artes, y, por añadidura, tengo un sa­co lleno de artimañas y malicias. Pero me das lástima. Ven con­migo y te enseñaré cómo escapar de los perros.

En aquel preciso momento llegaba un cazador seguido de su jauría. El Gato se subió, trepa que treparás, a un árbol copudo, yendo a parar a la más alta rama, donde quedó enteramente es­condido por las hojas.

¡Abre tu saco, señor Zorro! ¡Abre tu saco! — gritaba el Gato al maestro en artes; pero los perros le acorralaban y no tar­daron en dar cuenta de él.

¡Oh, señor Zorro!—exclamó entonces el Gato. —Tú con tus cien artes y tu saco lleno de artimañas, has sido cazado, mien­tras que yo, con una sola sabiduría, estoy a salvo. Con que hubieras podido trepar hasta aquí, no habrías perdido la vida.

Fuente original: Cuentos de Grimm, 1935.
Ilustraciones: Renier Quer (Réquer)