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Barba azul

Charles Perrault

Cuentan que vivió en otros tiempos, en un magnífico palacio rodeado de jardines, un caballero dueño de una extraordinaria fortuna. No se tenían noticias de que hubiese un palacio mejor que el suyo, ni caballerizas que guardasen caballos como los que él tenía; ni nadie había visto jamás joyas y vajillas tan valiosas como las suyas. Pero como nada hay completo en la vida, este caballero, de cuya vida se sabía muy poco, tenía una enorme barba de color azul; y ya sea por el color o por el tamaño de la barba, lo cierto es que, sin ser desagra­dable, su figura imponía temor. Por eso eran pocas las personas que lo trataban.

En las proximidades de su castillo, había otro, tam­bién hermoso, pero más pequeño, en el que vivía una señora viuda, con dos hijas, a cuál más linda. Y habién­dolas visto el tal señor pasear juntas por el jardín, se enamoró perdidamente de una de ellas y la pidió en ma­trimonio.

La viuda, a quien desagradaba el aspecto del caba­llero, cambió de opinión al conversar con él; tratable y simpático, sólo tenía, aparentemente, el defecto del extraño color de su barba. Las niñas no pensaron así, y Barba Azul —así llamaremos al personaje, pues por tal nombre le conocía todo el mundo—, tratando de ganarse las simpatías de las hermanas, las invitó a que visitaran su palacio. Y ocurrió que el temor que experimentaban, sobre todo la solicitada por esposa, terminó por desapa­recer totalmente durante la visita. Fue tan magnífica la fiesta que se hizo y tan amable y correcto se mostró el dueño de casa, que llegaron a la conclusión de que el color de la barba no significaba en él un defecto. A ello se debió que pocos días más tarde se celebrara la boda de la niña con el poderoso señor del castillo.

Fuente original: Cuentos de Perrault, 2001
Ilustraciones: Renier Quer (Réquer).

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