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Riquet el del jopo

Charles Perrault

Mucho antes de que nuestras abuelas hubiesen nacido, la reina de cierto país de la India tuvo un hijo muy feo. Tan feo era, que durante mucho tiempo se pensó que no debía realmente ser el hijo de la reina, sino que, en algún descuido de las doncellas, el verdadero príncipe debió ser raptado por alguien que en su lugar había dejado aquella pequeña bestezuela.

La reina, sin embargo, sabía que desgraciadamente era hijo suyo y lloraba sin consuelo pensando que todo debía de ser un castigo de Dios. Desde luego, estaba convencida de que nada podría hacer para embellecer un poco al pequeño, pero como siempre las madres conservan alguna esperanza, decidió recurrir a una hada buena que vivía en una torre de cristal situada sobre la montaña vecina. Una mañana se presentó ante ella llevando a la criatura y le explicó el motivo de su congoja.

—Desgraciadamente, muy poco es lo que yo puedo hacer — dijo el hada —; pero, para que te des cuenta de mi buena intención y de mis deseos de ayudarte, le otorgaré un don al pequeño.

Y colocando al niño sobre un almohadón, agitó varias veces ante sus ojos la varita encantada.

—Ya puedes llevarlo a tu castillo —le dijo luego a la reina —: continuará siendo feo, es cierto, pero gracias a mi varita será muy picaro y simpático y poseerá, además, la extraordinaria virtud de otorgar gracia y belleza a quien él desee.

Fuente original: Cuentos de Perrault, 2001.
Ilustraciones: Renier Quer (Réquer)
Cotejo de obra: Leonid Torres Hebra.

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