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La Gallinita rabona

Anónimo

La Gallinita Rabona vivía en su casita al pie de una montaña.
Al otro lado de la montaña vivía una zorra vieja y mala, que se creía muy lista.
Vivía con su madre en una cueva oscura, que las dos zorras habían cavado entre las rocas y bajo las raíces de los árboles.
Todas las mañanas al levantarse, decía la zorra:
—Esa Gallinita Rabona debe de estar muy sabrosa.
Y todo el día se lo pasaba pensando en cómo podría cazarla.
Por la noche se dormía y soñaba que se comía a la hermosa Gallinita Rabona.
Una mañana se levantó muy temprano, cogió un gran saco y le dijo a su madre:
—Hoy voy a traer a la Gallinita Rabona. Prepara la olla grande, que esta noche tendremos una sabrosa cena.
Andando, andando, llegó a la casa de la Gallinita Rabona, pero la gallina había ido por leña y estaba la casa sola.

Entró la zorra por la ventana y se escondió debajo de la cama, pero se le veía el hocico negro.
Se quiso esconder debajo de la mesa, pero se le veía la cola larga y pelona.
Por fin se escondió detrás de la puerta.
Cuando volvió la Gallinita Rabona, abrió la puerta y se encontró con la zorra.
¡Ay, mi madre, qué susto!
Dejó caer los palitos de leña que traía y, de un salto, se encaramó en una de las vigas del techo.
—¡Baja! —gritó la zorra.
—No, no bajaré hasta que te vayas.
—¿Que no bajas? Ahora verás.
Y la zorra empezó a dar vueltas de prisa, de prisa, como si fuese un trompo. Y la cola parecía un ventilador.

Fuente original: Había una vez..., 2000
Ilustraciones: Renier Quer (Réquer)
Cotejo de obra: Leonid Torres Hebra

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