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Los Chivitos porfiados

Anónimo

un niño cuidando a cinco chivitos en el campo

Había una vez un niño que tenía que cuidar cinco chivitos.
Muy temprano los sacaba del corral, los llevaba a pacer al cerro y, al oscurecer, volvía con ellos a la casa.
Una tarde los chivitos no quisieron irse a dormir.
El muchacho trató de hacerlos andar, pero los chivitos no se movían.
Por fin, el pobre niño se sentó en una pie­dra y se puso a llorar.
Tenía miedo de que su padre lo castigara por demorarse tanto.
Al poco rato, pasó por allí un conejo y le preguntó:
—Niño, ¿por qué lloras?
—Lloro porque los chivitos no quieren andar, y si tardo mi padre me va a castigar.
—Pues verás como yo los hago marchar.
Pero los chivitos tampoco le hicieron caso, y el conejo dijo:
—Yo también me pondré a llorar.
Y se sentó al lado del niño, llora que te llora.
En esto pasó una zorra:
—¿Por qué lloras, conejo?

Fuente original: Había una vez..., 2000
Ilustraciones: Renier Quer (Réquer)
Cotejo de obra: Leonid Torres Hebra

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