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Cartas de la selva

Horacio Quiroga

El Hombre que se fue a vivir a la selva

Allá, muy al sur de nuestra América, hay dos grandes ríos que nacen en Brasil, y que sirven de límite, en distintos lugares de su curso, entre este país y las repúbli­cas de Uruguay, Paraguay y Argentina: son el Paraná y el Uruguay.
Andando y andando, el Paraná y el Uru­guay, cuando ya casi van a llegar al mar, se unen y forman el Río de la Plata, tan ancho en su desembocadura, de 230 kilo metros, que muchos lo llaman Mar Dulce.
Con estos tres ríos pasa algo así como si se quisieran mucho, como si se comprendieran muy bien, porque sus márgenes, las islas que aparecen a lo largo de sus re­corridos, son, pudiéramos decir, hermanas jimaguas, de tanto que se parecen en su flora, en su fauna, y hasta en los hombres que las habitan, que tienen las mismas costumbres, un modo peculiar de hablar, e incluso, problemas casi iguales en su ma­nera de vivir.
Quien escribió las cartas que vas a leer, se llamó Horacio Quiroga, y nació en la República Oriental del Uruguay, en 1879. Pero como cruzó el río hacia la Argentina y allí se hizo escritor, no se suele decir de él que fue uruguayo o argentino; se dice que fue rioplatense, o lo que es lo mismo, de la zona del Río de la Plata.
Horacio Quiroga conoció muy bien y lle­gó a sentir un noble amor por el extenso territorio que bañan aquellos grandes ríos y, sobre todo, por los hombres que lo pue­blan. Cuando empezó a escribir, no se le ocurrió ponerse a inventar cosas, decidió escribir sobre todo lo que le rodeaba; y cuando tuvo que hacer un viaje Paraná arriba, hasta la provincia argentina de Misiones, pensó que aquel lugar era el que le gustaba para vivir.

Fuente original: Cartas de la selva, 1989
Ilustraciones: Renier Quer (Réquer).
Cotejo de obra: Leonid Torres Hebra.

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