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Homagno audaz

José Martí

Homagno audaz, de tanto haber vivido
Con el alma, que quema, se moría.—
Por las cóncavas sienes las canosas
Lasas guedejas le colgaban; hinca
Las silenciosas manos en los secos
Muslos; los labios, como ofensa augusta
Al negro pueblo universal, horrible
Pueblo infeliz y hediondo de los Midas,—
Junta como quien niega; y en los claros
Ojos de ansia y amor por la vislumbre
De la muerte feliz, —que arriba brilla
Como en selva nocturna hoguera blanca,
La mirada caudal de un Dios que muere
Remordido de hormigas. Suplicante
A sus llagados pies Jóveno hermoso
Tiéndese y llora; y en los negros ojos
Desolación patética le brilla:
No, no Homagno, ¡negras ropas visten
Las mujeres de estos tiempos! —en que—
Como hojas verdes en invierno, lucen;
Oh las mujeres, oh las necias, trajes
De vivísimos colores: —jubón rondo,
Con trajes anchos de perlada seda:—
En [trespalabras ininteligibles] el galano
Talle le ciñen:—oh, dime, dime Homagno,
De este palacio de que sales; dime
Qué secreto conjuro la uva rompe
De las sabrosas mieles: di qué llave
Abre las puertas del placer profundo
Que fortalece y embalsama: dilo,
Oh noble Homagno, a Jóveno extranjero:—

Fuente original: Ismaelillo. Versos libres. Versos sencillos, 1999.
Ilustraciones: Renier Quer (Réquer)
Cotejo de obra: Leonid Torres Hebra.