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Aua la huerfanita

Anónimo africano

Había una vez un viudo que tenía una hija llamada Aua. El hombre casó de nuevo y de este matrimonio hubo otra hija, que era tan querida como odiada aquélla.
Una noche, mientras la pequeña Aua dormía, se le apareció su madre y le habló de esta manera:
-Hija mía, mañana tu madrastra te dará una piel de carnero para que la laves en el río Amarillo. No le contestes. Ponte en camino para lavar la piel que tu hermanastra Alimata ha ensuciado. Vete sin temor, pues dondequiera que tú vayas, yo estaré siempre cerca de ti.
A la mañana siguiente, sucedió como había advertido la aparición.
Y Aua fue enviada al río Amarillo a lavar la piel de carnero.
Se hallaba en camino cuando estalló una espantosa tormenta. Aua divisó una choza a lo lejos y corrió para refugiarse en ella.
Pero la choza huía, huía de la muchacha. Hasta que Aua consiguió darle alcance, no sin haberse calado hasta los huesos.
Un perro peludo guardaba la choza y el perro dijo:
-Linda Aua, puedes entrar.
Aua no se hizo rogar. Penetró en la choza y en el fondo del albergue vio colgada una enorme pierna de buey.
El peludo perro era el esclavo y guardián de esta pierna de buey que, a su vez, dijo al perro:
-Haz sentar a esta niña en la esterilla.
El enorme perro peludo invitó a Aua a sentarse, y la niña se sentó.
Al cabo de un rato, la Pierna de Buey ordenó al perro, su esclavo:
-Dale a la niña algo con que pueda preparar su comida.

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