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Había una vez un joven mago

Joel Franz Rosell

Un mago alrededor de una olla mágica, un ramo de estrellas, un pájaro encantado y una espada de luz.

El joven mago se detuvo al pie de la montaña encantada. Arriba quedaba la Escuela Superior de Magia, donde había pasado los últimos siete años y estudiado trece difíciles asignaturas; todas vencidas con las mejores notas, según constaba en el diploma que llevaba en su mochila.

La mochila era azul: azul cielo, azul mar, azul ojos de princesa, azul flor de nomeolvides. En ella estaba el diploma: un pergamino verde con sello de oro, y estaban los regalos de sus cuatro profesores.

Los regalos eran magníficos y le gustaba mirarlos de vez en cuando: la ollita de presión mágica, el ramo de estrellas, el pajarito encantado y la espada de luz.

El joven mago se había detenido al pie de la montaña encantada para mirarla por última vez. Después, giró en redondo y dio el paso novecientos noventa y nueve.

Y ahora estoy en el mundo se dijo. A ver si soy capaz de portarme como un verdadero mago.

Y se alejó sin mirar atrás porque sabía que ahora, en lugar de la bella montaña azul, solo vería una loma de desperdicios industriales fétida, descolorida y humeante.

Todo el día caminó: evitó precipicios, atravesó bosques y orilló pantanos… hasta que, ya de noche, divisó un pueblito.

Aunque estaba cansado, el joven mago llegó casi corriendo a la puerta de la hostería, pues un poderoso viento lo empujaba.

(La Habana, 1989)
Publicado en Los cuentos del mago y el mago del cuento. Madrid.
Ediciones de la Torre, 1995.
Premio La Rosa Blanca.
Ilustraciones: Renier Quer (Réquer)

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