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La Reina de los gatos

Joel Franz Rosell

Una niña sentada en una mesa junto a un gato gris tomando café

Odalys estaba sola en el cuarto, jugando con sus muñecas. Justo en el momento en que se encendió el alumbrado público, Juan Pirindingo abrió un ojo y luego el otro. Se estiró, lanzó un largo "miau" perezoso y comenzó a acicalarse, lamiéndose minuciosamente y "peinándose" con las patas delanteras.

Cuando consideró que estaba presentable, vino a sentarse frente a Odalys y le dijo:

-Invítame a café.

No era la primera vez que Odalys entendía lo que decía el gato de la casa, pero sí era la primera vez que éste le dirigía la palabra. Sin embargo, lo que de veras la sorprendió fue que a los gatos les gustara el café.

-No es cuestión de gusto -explicó él-. Lo que importa es que nos inviten... Pero tiene que ser café de verdad; no como el que le brindabas hace un ratico a tu muñeca.

Odalys corrió a la cocina. Aprovechó que su mamá estaba bañando a Viviancita y que la abuela había salido a pedirle un poco de aceite a una vecina y vino corriendo con el termo del café.

Echó un poco en la cacharrita del gato y corrió de regreso con el termo a la cocina.

Sin embargo, cuando volvió a entrar en el cuarto, notó que Juan Pirindingo no se había acercado al café y que la miraba con aire de profunda decepción.

-¿Así es como tú atiendes a las visitas...?

(París, 1998)
Inédito
Ilustraciones: Renier Quer (Réquer)

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