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Cómo cazar un cuento silvestre

Joel Franz Rosell

Un campesino sentado en una piedra con un cascabel en la mano

Voy a serles sincero; hay muchas formas de hacerse con un cuento, pero sólo una es de probada y durable eficacia cuando se trata de auténticos cuentos silvestres: el cazacuentos.

No quiero irme por las ramas y acabar contándoles cómo se encuentra, alimenta y adiestra un cazacuentos. Para empezar, porque es un tema complejo que absorbería todo el espacio de que disponemos en esta ocasión, y para concluir porque los cazacuentos son una especie prácticamente extinguida.

Existe un segundo método que permite, con gran margen de seguridad, la captura de un bello ejemplar de cuento silvestre: hacer sonar un cascabel recién abierto en el momento justo en que aterriza el primer rayo de sol dominical.

Pero ¿quién cultiva cascabeles hoy en día? Las matas de cascabel exigen tantos cuidados, tanta sensibilidad y tanto tiempo que... si acaso, poetas jubilados dotados de gran longevidad y de rigurosa vocación botánica.

De cualquier manera, un cascabel regalado -aun cuando conservase su fragancia y resonancia de recién nacido- no funciona igual.

(Copenhague, 1992)
Publicado en La literatura infantil: un oficio de centauros y sirenas. Buenos Aires.
Lugar Editorial, 2001.
Ilustraciones: Renier Quer (Réquer)

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