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Miriela y el Bonsai

Julio Crespo Francisco

Primera historia

El protagonista de esta historia es un ser diminuto. Tan pequeño que cabría en la cabeza de un alfiler, y le sobraría espacio. Tiene, sin embargo,  una enorme vitalidad y unos tremendos deseos de viajar. Este es el viaje más importante de su vida.
El día en que da inicio a su singular paseo, descubre de inmediato que ha llegado a un mundo de líquidos tibios en el que debe nadar contra la corriente. Su cuerpo, diseñado para enfrentar tal adversidad, nada con un vigor y una habilidad asombrosos. Su avance es lento, pero no se detiene un segundo. Lo hace con tal ímpetu que parece como si al final del conducto donde está, lo esperara una parte de sí mismo que debe recuperar.
Al llegar al final del mismo, comprueba que este se divide en dos galerías que van hacia rumbos opuestos. Sin perder tiempo se decide por la más cercana y continúa su nadar incansable. El extremo de la galería está ocupado por una especie de capsula transparente. Presiente que debe abordarla y penetrarla que ha llegado hasta allí vencer aquella nueva dificultad.
Primero debe ablandar la envoltura que ha detenido su desplazamiento pero esa tarea no le resulta tan sencilla Después de acudir a todo su vigor j perseverancia, logra al fin atravesar le cubierta de la cápsula y penetrar en ella El líquido que hay en su interior es mucho más espeso, por lo que su nado se hace más lento. Además, desde esos primeros momentos, siente que su cuerpo va aumentando, que lentamente va creciendo y creciendo, hasta llegar a ser varias veces mayor de lo que era cuando inició el viaje.
Sin embargo, sabe que debe continuar nadando, que debe llegar hasta el mismo centro de aquel estuche, y así lo hace. Al fin están frente a frente nuestro viajero y el núcleo de aquella cápsula. Ambos poseen dimensiones semejantes. Se diría que son dos contrincantes de fuerzas similares dispuestos a un combate. Pero en lugar de reñir, se unen, se fusionan, se enlazan en un abrazo en el que cada célula de ambos participa. Y entonces se produce el milagro.

Uno y otro descubren que ya no son dos, sino uno solo, indivisible; que son y serán por siempre inseparables; que este nuevo ser único tiene un objetivo bien definido. Para alcanzarlo, retrocede hacia el conducto que lo trajo hasta donde está ahora. Al llegar a aquel recinto que ya conoce, se le revela la presencia de un cálido lecho rodeado de las más valiosas sustancias alimenticias. Como tiene necesidad de ellas, allí se queda, flotando, envuelto en líquidos que le proporcionan todo cuanto necesita.

Fuente original: Miriela y el Bonsai, 2001.
Especialista: Dayana Castillo de la Torre.
Colaboración: Biblioteca Provincial Rubén Martínez Villena (Sancti Spíritus)

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