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Canek

Ermilo Abreu Gómez

Prólogo

Este Canek, hermoso poema en prosa, a la vez de canto recio y dulce, elegía por tierra y hombres, rebelión de indios en suelo maya, lo escribió Ermilo Abreu Gómez, escritor mexicano notable, autor de obras de mucho mérito.

El gesto y la acción de Canek que aquí se cuentan, la rebelión de aquellos indios como Canek, mayas, no son mero cuento; tuvieron lugar hace doscientos años, como tantas otras rebeldías ocurridas en el correr del tiem­po. No dejaron memoria muchas, porque se las cubrió después de apagarlas, pero de esta de Canek sí quedó brasa sobre el suelo de roca de Yucatán, y su rescoldo se diluyó en el polvo del aire y durmió noches y días, y vino a revivir ahora, como en eco de sangre maya; que este Canek, escrito, más parece latido de honda sangre que mental recuerdo.

Cuando uno acaba de leer estas páginas que recogen los latidos de Ermilo Abreu, se siente como recién salido de un duro y raro paisaje entre vagos tonos de luz antigua, de una vida de esencias generosas y sabias con gestos de dolor contenidos, de un flujo rumoroso de sobrecogedores diálogos y voces de dulce ánimo, de una silenciosa indignación que salta en gesto de viril dignidad...

En este revivir la rebelión memorable de Canek traída al clima social de nuestros días, el autor es conocedor íntimo de la tierra, del aire y del paisaje, y de las per­sonas que en él vivían y en él viven: una de ellas es él mismo, encarnado en este drama reflejo del que pasó, revivido en el niño falto de amparo: niño Guy.

Otro campo fel tiene el autor: el secreto de la mágica virtud de las palabras. Él les asigna función precisa a aquellas cargadas de posos con sabor de tiempos idos; otras hecha a paso leve de serena elegía; de intuiciones poéticas esenciales saltan encendidas unas, y con­densación son otras de alma y sabiduría antiguas. La lengua es aquí sobrio caudal, rico y preciso de signi­ficaciones y sugeridor poderoso.

Como en un retablo se pinta en este libro la historia; retablo de cinco escenas. Van en una los personajes en la hacienda sobre suelo seco de Yucatán de cenotes bajo el suelo remansados. Los personajes: el dulce niño Guy; las estiradas tías; el bueno y sabio Canek, indio terral; el ejemplar padre Matías; la niña Exa, como un rayo de sol... Y sigue la intimidad, ingenuidad pura, radical bondad en suave ternura, en conmovedores gestos de sembradura de corazón en el triste horizonte. ¡Qué hermosura! Y después que Canek fue a Guy doliente con la jarra de agua «serenada», agua que sabe dulce porque está «llena de la luz de los luceros», se durmió el niño para siempre bajo el llanto en silencio de Canek.

Fuente original: Canek, 2006.
Colaboración: Editorial Gente Nueva

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