Logo UNICEF. Enlace al sitio. Abre en ventana aparte.




Los Seis sirvientes

Hermanos Grimm

En tiempos antiguos vivió una reina muy vieja y fea.
Pero tenía una hija —por supuesto, una princesa— tan bonita y encantadora, que no había otra muchacha como ella bajo los rayos del sol. Eran incontables los jóvenes que, atraídos por la fama de su belleza deslumbrante, habían emprendido viaje desde muy lejos con la esperanza de ganarse su corazón y su mano.
Todos habían fracasado, y ninguno regresó para contar el cuento.
La culpa era de la fea y vieja reina.
Para decir la verdad, aquella mujer no sólo era una reina, sino también una bruja. Tenía la cabeza atestada de hechizos y malignos ensalmos, y su corazón estaba lleno de odio. Día tras día acechaba a los jóvenes pretendientes que venían a pedir la mano de su hija, la princesa.
Cada vez que aparecía uno de estos infelices muchachos, la fea y vieja reina-bruja asomaba la cabeza y decía:
—Muy bien. Te pondré tres trabajos. Si los cumples, mi hija será tuya. Pero si fracasas, perderás la vida.
Y, por supuesto, siempre se las arreglaba para que los trabajos fuesen tan difíciles y horrendos, que ningún pobre mortal pudiese llevar a cabo ni siquiera uno.
Ahora bien, en otro castillo de una tierra muy lejana, muy lejana, vivía un joven y apuesto príncipe. Era intrépido y valiente, y la suerte lo seguía adondequiera como un perro fiel. En cuanto oyó hablar de la deslumbradora princesa y de la fea reina, ardió en deseos de ganarse a la una y vencer a la otra.
—Por favor, ¡déjame probar! —dijo a su padre.
Pero éste respondió:
—¡Jamás! Si te dejara ir, podría ya darte por muerto. Nadie ha escapado aún: ¿qué te hace pensar que lo harías mejor que los otros?
No, no, hijo mío; no puedo dejar que vayas.

Fuente original: Cuentos de Grimm, 2003.
Colaboración: Editorial Gente Nueva.

Real Time Web Analytics
Estadisticas Gratis