Logo UNICEF. Enlace al sitio. Abre en ventana aparte.




Viajes a la estrella enana

Amalia Santos Bouza

MALAS PALABRAS

¡Qué grosería! —escuché, cuando más descon­solado era mi llanto. Me asombró tanto la "gro­sería" como el sonido encima de mi cama; sepa­ré un poco los dedos para mirar. Se trataba de alguien extraordinario: un enanito con la cara pintada como payaso, pero bravo en ese mo­mento. Su ropa era azul lo mismo que el pelo y la barba hasta la cintura, con un pie daba golpes sobre la almohada.
—¿Qué es lo que no te gustó? —dije intriga­do.
—¿Te parece lindo este espectáculo?
—Solo estaba llorando, y con motivos. No soy de los que se quejan por gusto.
—¡Está bueno ya de inconveniencias, mu­chacho! —dijo muy molesto el "Barbazul".
—¿Cuáles incon... inconve... inconvenien­cias?
—¡Bueno, torcueno! Se dice "in-con-ve- nien-cias". Creo que vamos a ser amigos, debo empezar por plantear mis normas. Soy el ena­nito Alegre —se presentó con su sonrisa de orillas rojas— y todo lo que sea en contra de la felicidad, me fastidia. Vocablos que diré esta única vez por tratarse de un caso especial, que­dan prohibidas en mi presencia: tristeza, llanto, desdicha y todos los que se le parezcan. Son malas palabras ¿comprendes?, ¡y no las tolero!
—Nunca oí decir eso a nadie —afirmé y me puse colorado de vergüenza.
—Cada cual tiene su repertorio de groserías. ¿O piensas que los alemanes dicen las mismas que los cubanos? Conozco a un niño que exclama: "¡Moscas" y de desahoga como si hubiera mencionado la peor incorrección del mundo. ¿Y sabes una cosa? Nadie lo regaña, porque la mé­dula no está en el significado del término, sino en el empleo que le des.
—¡Moscas! No está nada mal; creo que la utilizaré —y quedé pensando en qué sería la médula—. Claro, pero si quieres ser novedoso debes buscar tu propia palabrota predilecta.
— iHmm! A ver... a ver... ¡Ya la tengo: remo­lachas!
—Bueno, torcueno. ¿Las detestas, eh?
—Al contrario, me encantan. Pero sobre todo, me gusta la palabra en sí, con ese inicio: re ¡Le da una fuerza! ¡Re-molachas! Le aseguro que me va a servir muy bien.
—Estoy de acuerdo; para emplearla como interjección es excelente. Ahora, ¿puedes con­tarme por qué estabas... estabas... haciendo lo que hacías cuando llegué?

Fuente original: Viajes a la estrella enana, 2009.
Ilustraciones: Aristides Hernández, Ares.
Colaboración: Biblioteca Provincial José Martí (Las Tunas)

Real Time Web Analytics
Estadisticas Gratis