Logo UNICEF. Enlace al sitio. Abre en ventana aparte.




El Pequeño héroe

Fiódor Dostoyevski

Tenía yo entonces algo menos de once años. En julio me dieron permiso para pasar una temporada en una finca de las cercanías de Moscú con un pariente mío, T-, quien a la sazón tenía en ella a cincuenta invitados, acaso más… no recuerdo; no los conté. Todo era barullo y regocijo. Aquello parecía un pasatiempo que había empezado con el propósito de no terminar jamás. Se hubiera dicho que nuestro anfitrión había dado palabra de derrochar cuanto antes su enorme hacienda, y, en efecto, no hace mucho tiempo logró confirmar esa conjetura, esto es, lo despilfarró todo, hasta la últimaviruta, hasta la última pavesa, hasta quedarse absolutamente sin nada. A cada momento llegaban nuevos invitados. Moscú estaba a dos pasos, a la vista, de modo que los que se iban dejaban sencillamente el sitio a otros, y la jarana seguía su curso. Las diversiones se sucedían sin interrupción y no cabía prever cuándo terminaría el jolgorio. Unas veces era una excursión a caballo por los alrededores, en grandes grupos; otras era una vuelta por los pinares o un paseo en barca por el río; giras campestres, comidas al aire libre, cenas en la vasta terraza de la casa, adornada de tres hileras de flores exquisitas que saturaban con su aroma el aire fresco de la noche bajo una iluminación deslumbrante.

Fuente original: El Pequeño héroe, 2004.
Colaboración: Editorial Gente Nueva.

Real Time Web Analytics
Estadisticas Gratis